TELEMADRID - Esta técnica, avalada por la Unión Europea no precisa anestesia ni en su colocación ni en su retirada.

Detrás de lo que le pasó a Belén hay un trastorno serio de la alimentación. Con 19 años pesaba ya 110 kilos. Hace seis meses decidió ponerse un balón gástrico. Lo hacía sin cirugía, a través de una pastilla que tomaba con un vaso de agua. Hoy es feliz con 30 kilos menos, pero también sabe que no puede bajar la guardia.